El diseño emocional, ¿cómo se conectan las emociones al diseño?

Las personas vivimos de las emociones, de todos esos momentos y sensaciones que no podemos controlar y que inundan nuestro día a día, a veces colmando nuestras expectativas y necesidades para hacernos felices, otras provocando el efecto contrario. De hecho, cuando el diseño de un producto consigue esto último, decimos que el cliente ha sufrido una mala experiencia de uso. Y es que, aunque podamos tener entre nuestras manos un objeto hecho del mejor material y con la máxima calidad técnica y funcionalidad, si no conseguimos provocar en el usuario una emoción positiva y placentera, es imposible que ese producto acabe teniendo éxito. Hablamos del diseño emocional.

 

El diseño como acto de comunicación, la clave para triunfar

 

El diseño es un acto de comunicación y las compañías (o los diseñadores que trabajan para éstas) que mejor conozcan a las personas que conforman su mercado de clientes, son las que conseguirán conectar con las emociones positivas de sus consumidores, y adquirirán una importante ventaja en un mercado que se ha vuelto más selecto y exigente ante el excedente de productos y servicios.

 

La conexión de la emoción al diseño: El diseño emocional

 

Para emocionar hay que diseñar, pero ¿cómo están conectadas las emociones al diseño? En realidad, el diseño emocional es una evolución del antiguo “diseño funcional o utilitario”, aquella idea que defendía que un objeto debería diseñarse basándose principalmente en su función y propósito y no tanto en su estética. Es evidente que una buena funcionalidad sigue siendo una de las bases del éxito pero está comprobado que las cosas simplemente “funcionales” ya no complacen a los clientes.

 

A igualdad de prestaciones, la estética y las capas de diseño con las que “abracemos” toda esa funcionalidad serán determinantes para producir una sensación, una emoción positiva en el cliente que lo fidelice a nuestro producto.

 

Varios estudios han concluido que las máquinas/productos con un diseño más atractivo, con una interfaz más llamativa, “conectaban” más con la gente y eran percibidas por los usuarios como más fáciles de usar, en definitiva, decían que “funcionaban mejor” que otras máquinas que tenían exactamente las mismas prestaciones, pero un acabado y un diseño más simple.

 

Sumando ambas posturas, el diseño que triunfará es el que presente una estética más harmoniosa y que a la vez funcione a la perfección. En definitiva, con el que mejor “se sienta” el usuario (el que emocionalmente más y mejor le transmita).

 

Las emociones y el diseño más allá del objeto de venta

Hemos hablado hasta ahora de objetos y utensilios con los que el usuario interactúa (toca, manipula…) directamente. Pero también es importante la relación con otros ámbitos en los que el diseño actúa sobre muchos conceptos intangibles como los logotipos, el branding, la imagen de marca en general, etc. Y es que el apartado emocional cobra una importancia todavía mayor.

 

Ese famoso “me gusta”, el momento “flechazo” que vivimos a veces cuando contemplamos un producto, un logo, una imagen… Ése es el momento en el que el diseñador ha conseguido conectar con nuestra parte emocional.

 

No es difícil crear un buen producto invirtiendo en buenas materias primas y tecnología, fabricar algo repleto de funciones y rico en características. Lo que es complicado de verdad es tener un profundo conocimiento de las motivaciones y conductas de tus consumidores para poder traducir esto en un diseño emocionalmente efectivo: La creación de algo hermoso y realmente único, exclusivo, que provoque una experiencia placentera en el consumidor; lo que nos dará ventaja ante nuestros competidores en el mercado.