La publicidad de alimentos “basura” a debate  

Zumos con vitaminas, galletas con fibra y omega3, cereales ricos en minerales o dulces ideales para meriendas y desayunos… Todos hemos visto alguna vez estos reclamos publicitarios en anuncios de televisión y la cartelería de los supermercados. El marketing de gran consumo hace años que utiliza los supuestos beneficios de ciertos productos ultraprocesados para vender. El colectivo infantil es uno de los más bombardeados con mensajes de productos saludables que en realidad no lo son tanto. Muchos nutricionistas han comenzado a pedir que se ponga coto a este tipo de publicidad, la publicidad de alimentos “basura” y ultraprocesados.

 

¿Qué es un producto ultraprocesado?

 

Son todos aquellos productos en los que para su elaboración se necesitan más de 5 alimentos diferentes e incluyen mayoritariamente harinas ultra refinadas, grasas trans, grasas saturadas como el aceite de palma, azúcares simples y todo tipo de colorantes y aditivos poco recomendables.

 

La sociedad sabe detectar la denominada “comida basura”: patatas fritas, refrescos azucarados, hamburguesas fast food… Sin embargo, los ultraprocesados son relativamente recientes y más difíciles de detectar, sobre todo cuando la industria alimentaria utiliza el marketing para hacer ver que sus productos ultraprocesados son saludables cuando no es cierto. Barritas de cereales, galletas integrales y otros productos de este tipo con reclamos como “light”, “healthy”, “0%”, “vegano”, “bajo en calorías”, “bajo en azúcares” o “fit”. Productos con más de 5 ingredientes, aditivos, adictivos, de bajo valor nutricional y alto en calorías.

 

El marketing de los productos ultraprocesados

 

Nutricionistas como Aitor Sánchez (autor de “Mi dieta cojea”) y Carlos Ríos (creador del movimiento “realfood” y de la app del mismo nombre) apuestan por poner coto a la publicidad de los ultraprocesados. Los niños son los consumidores más fáciles de persuadir y más rentables a largo plazo. Si se enganchan a los ultraprocesados su paladar se modificará y cada vez aceptarán menos los alimentos que no estén salados o azucarados.

 

Muchos expertos lo secundan, la publicidad de ultraprocesados, sobre todo en televisión y en horario infantil no debería dirigirse a los niños. De hecho, en los propios envases se utilizan reclamos como regalos, dibujos animados y personajes famosos para captarlos.

 

¿Si son tan malos por qué se venden?

 

Es la pregunta que más se repiten los escépticos, la realidad es que las normas de seguridad alimentaria garantizan que los productos que se venden son seguros para su consumo, no implican una intoxicación. El problema es que las enfermedades surgen a largo plazo: Diabetes tipo II, obesidad, algunos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares, entre otras. Antes aparecían a los 60 o 70 años y ahora ya se ven casos a partir de los 30. Las posibles medidas que podrían tomar los organismos públicos chocan con los intereses de la industria alimentaria, que no permitirá que sus ventas se vean afectadas.

 

Carlos Ríos ha señalado en varias entrevistas que “los alimentos saludables no nos indican que lo son”, por eso anima a que incluyamos en la cesta de la compra más piezas de fruta, verduras y legumbres, por ejemplo, y dejemos de lado los productos “fabricados”.