La sobreexposición en RRSS: Los límites de la vida de un@ influencer

Hace tiempo que la naturalidad que mostraban los influencers al inicio del fenómeno que supuso la aparición de las Redes Sociales, ha desaparecido. En el último lustro se han profesionalizado e incluso han ido migrando de una red a otra. El denominador común es muy simple: Ganan dinero y esto del Social Media se ha convertido en su ocupación principal. Desde el lado de los usuarios suele verse este mundo como una forma fácil de ganar dinero, pero sin entrar a debatir si el esfuerzo es necesario o no (eso daría para otro artículo) lo cierto es que la influencia social digital acaba con el anonimato de quien la practica. ¿Tod@s están dispuest@s a pagar ese precio? Analizamos la sobreexposición en RRSS.

 

La sobreexposición en las RRSS

 

Exponerse en las Redes Sociales era muy fácil hace 10 años, y lo era porque parecía algo inofensivo. Todo era nuevo y se compartían fotografías y pensamientos sin una reflexión previa. Se sabía que el acceso al contenido era público, pero nadie imaginaba las consecuencias reales que podría alcanzar todo aquello.

 

El mundo de los influenciadores comenzó en Youtube y allí se gestaron los primeros perfiles públicos. Personas con carácter extrovertido o incluso algo tímidas que, protegidas detrás de la pantalla, se atrevían a compartir su día a día, mostrar a sus amigos, parejas, acontecimientos importantes como bodas, nacimientos e incluso el crecimiento de su progenie.

 

También se dio la circunstancia contraria, profesionales que comenzaron una página de empresa y que terminaron compartiendo más contenido personal que profesional.

 

¿Cuál debe ser el límite de lo privado en las Redes Sociales?

 

Está claro que los límites los debe marcar siempre la persona, pero es complicado cuando en el pasado se compartió tanto. Lo ideal sería trazar una línea que separe la vida pública de la vida privada. Por un lado, están los patrocinios, las colaboraciones con marcas, las reviews, la muestra de productos… Y por el otro los acontecimientos que pertenecen al ámbito privado (cumpleaños, bodas, relaciones, etc). Esa línea siempre puede ir desplazándose a necesidad o gusto del influencer de turno (compartir salidas de ocio random como una sesión de cine o la cena en un restaurante).

 

Así que no existe una regla infalible sobre lo que debería compartirse y lo que no, pero está claro que una sobreexposición puede acabar dando problemas. Si siempre has mostrado a tu pareja y de repente no aparece porque la relación se ha terminado, lo más lógico es que tu audiencia pregunte. Lo mismo ocurre si se comparte el crecimiento de tu hij@, problemas de salud incluidos: Todos opinarán. ¿Necesitas todas esas opiniones? Seguramente no, pero tú has abierto la veda.

 

Estos límites están desapareciendo, cada vez más, y en última instancia es decisión del influencer si quiere compartir cosas de su ámbito privado o no. En el caso de las influenciadoras de moda es complicado no hacerlo, ya que suelen vender un estilo de vida. También existe otra variable: ¿Qué quiere nuestra audiencia? Puede que, si comenzaste una página centrada en mostrar tu negocio o creaciones, por ejemplo recetas o joyas, y ahora te dedicas a hablar de ti y de tu familia, muchos se marcharán por falta de interés. Sin duda, otros más llegarán. Es el momento de preguntarse ¿Quiero vender mi estilo de vida o lo que hago y a lo que me dedico? Y esa decisión solo puede tomarla el influenciador.